Hacer una crónica personal de una ultra maratón se resumiría en una palabra “sufrimiento”. Pero sería de excesiva simplicidad. La Cruza Tenerife 2010, en su quinta edición tenía un nuevo trazado que en su parte inicial, aprovechaba parte de la historia y el fervor religioso de la Isla al discurrir desde la salida en la Plaza de la Basílica de la Virgen de la Candelaria por un camino tradicional usado por los peregrinos de La Orotava y pueblos limítrofes del Norte en las peregrinaciones, que cada 15 de agosto se realiza a la Villa Mariana, y, donde se venera la imagen de la Virgen de la Candelaria (Patrona de Canarias), de especial simbolismo para todos y en especial los tinerfeños.....
Y a las 5.45 horas de la mañana de este sábado 24 de abril nos encontramos Silvia y yo en la plaza. Después de los correspondientes saludos a todos los conocidos, en especial nuestro nuevo equipo: un grupo de verdaderos camaradas con los que recientemente compartimos los entrenamientos y algo más, la pasión por el correr por la montaña; Frank, Félix, Yayo, Juan y Pepe, entre los que hacían la prueba. Como infraestructura Carlos (un puntal en esas lides y que acababa de salir de una lesión lo que le impedía afrontar el reto) y donde también estaba Manolo para saludarnos.
Repasamos la estrategia a seguir: salir con nuestro ritmo de crucero. Nos habíamos comprometido como tándem, y yo pensaba en un triple objetivo: que Silvia superara la distancia de un maratón, ganar al grupo y otra que subiera al podium, si bien este último, era accesorio.
Correr en compañía de otras personas una distancia de 65 km. implica conocer a tu acompañante, sus ritmos, flaquezas y virtudes. Y los dos, nos conocemos perfectamente ya que tenemos similares características en subida, en llano y bajada. Es decir, no teníamos problema un jadeo demás, un cambio de ritmo no seguido, nos advertía mutuamente de nuestro estado y medida a tomar, sin necesidad de palabras. Es más, en toda la carrera no nos intercambiamos ningún tipo de mensaje de aliento, no se hacía necesario, sobraba.
La experiencia nos dice que los diez o menos kilómetros tu situación en carrera esta definida, habrá oscilaciones, pero son mínimas. Nadie que comience como una tortuga acabará como un “Guepardo” (animal terrestre que pasa por ser el más rápido ya que puede alcanzar hasta 113 Km/h.). Y con esta idea nos colocamos entre los cincuenta primeros. Tengo que traer a colación un lema de Silvia, también ilustrativo, aplicado a los entremientos: "corres como entrenas".
Era en las estribaciones y subida al pueblo de Arafo (kilómetro 9), donde comenzaba unos desniveles de vértigo, en asfalto y que impedía correr, una zona no muy agradable, si bien nada más acabar el pueblo iniciamos la subida por un sendero con pinar, donde se podía trotar en parte. En este punto nos supera José Rocha, con el que mantendríamos varios encuentros a lo largo de la prueba. El subía como una exhalación dando bastonazos y siempre con una palabra de aliento. No seguimos su ritmo, y a nuestra marcha llegamos al que nos llevaba al Volcán de Arafo (con la última erupción que comenzó el 2 de febrero de 1705 y que duró 22 días). Un paraje de extraordinaria belleza.
Después la subida, como impresionantes paisajes de la Caldera de Pedro Gil, el sendero se empinaba haciendo difícil la ascensión. Seguíamos cómodos en carrera, buen ritmo y sin variaciones importantes. En el avituallamiento de La Crucita, (dorsal de la Isla y lugar de paso de la carretera que desde La Esperanza sube a las Cañadas del Teide y que nos situaba en unos 1980 metros de altitud), si bien no tengo el tiempo exacto de referencia, preguntando qué tiempo llevaba la corredora Nerea nos confirmaron que había pasado hacía unos siete minutos y que Silvia era la segunda mujer. A partir de este momento sabía que iba a hacer podium y que si manteníamos el ritmo estaríamos en puestos de privilegio, máxime teniendo en cuenta que no somos dos niños (la edad de Silvia no la digo), la mía con cerca de 50 tacos.
Comenzaba una buena bajada, un sendero en buenas condiciones para correr, en especial a los que nos guste la montaña y que nos llevaría a los altos de La Orotava, zona recreativa de La Caldera (lugar de salida de la media). Hicimos una muy pequeña parada técnica (rellanar los botellines y poder degustar tres naranjas, ya que Silvia achuchaba), y continuamos con buen ritmo. Aquí estaba las esposas de Pepe y Frank, a las que les comenté que engañaran a nuestros compañeros en el tiempo que les podríamos llevar (una pequeña treta psicológica que en una buena lógica no resultaría)
Desde este último avituallamiento un camino forestal que recorre la zona de los altos de La Orotava y Los Realejos. Empinaba un poco, pero no en exceso en principio, pero siempre en ligera ascensión. Posteriormente y apartándonos de este camino forestal, un sendero (creo que Chanajija), técnico y lugar donde yo personalmente bajé el ritmo (una pequeña “pájara”), que una vez en los altos e inicio del camino que va la Cruz de los Pastores superé.
A partir iniciamos la bajada en ritmo sostenido hasta la zona recreativa El Lagar (kilómetro 44 de carrera), y donde hicimos nuestra parada más larga. Alimentos sólidos (yo me comí un bocata y me tome un Red Bull que me sentó de maravilla). Silvia se decidió más por los plátanos, frutos secos y un mordiscó a mi bocadillo de mortadela a última hora que le hizo arrepentirse de no haberse decidido por mi elección, máxime cuando vas harto de geles, barritas y todo el “potingueo” que se lleva en estas pruebas.
Pregunté por el tiempo de Nerea, pero en este punto ya nos había metido 20 minutos, sin embargo no era más que tener una buena referencia del ritmo de carrera y confirmaba que íbamos muy bien.
Y comenzamos por la parte que siempre se atraganta el camino que te conduce a La Montañeta, es una zona que te cuesta coger un ritmo adecuado, optando en múltiples tramos (los que más picaban hacía arriba), por andar y no correr, pero más por fatiga mental y acumulado que por desniveles. Como no lo sobrelleves bien, esta zona puede ser tu tumba (deportiva). Yo por cierto miraba de vez en cuando hacía atrás haber si aparecía de improvisto alguien del grupo, (iban con la camiseta del último maratón del Hierro), no me fiaba de ellos, y no quería sobresaltos, deseábamos llegar primeros ya que nos habían catalogado en el grupo de favoritos, y eso da presión, y es que en el grupo hay viejos zorros que utilizan la guerra psicológica.
Mira por donde nos encontramos de nuevo con José Manuel Rocha quien se unió a la marcheta que yo imponía (lo que encontramos un poco perjudicado pero con buen humor). El ritmo de la marcheta resultaba buena para la zona, y que te permitía avanzar a un ritmo adecuado. Es más en uno de los puntos arrastramos a varios corredores, me recordada la imagen de Forret Gump cuando le dió el punto por correr y todos le seguían.
En La Montañeta no paramos, iniciamos el duro descenso, feo la zona asfaltada hasta llegar al sendero que con unas espectaculares vistas sobre Garachico y en tres kilómetros nos haría cruzar la meta. Bajamos fuerte y Silvia se cayó, si bien como es dura como una roca, solo tuvimos el susto, el pobre Rocha, no nos pudo seguir en el ritmo de bajada que impusimos (juramos que no lo hicimos a posta). Oíamos ya la megafonía y entrando en el pueblo la meta. Agarré a Silvia de la mano y le dije tendré el gusto de levantarte el brazo como a una verdadera campeona, y así la megafonía anunciaba que entraba la segunda clasificada femenina (8.28.29) según el cronómetro de meta.
En La Montañeta no paramos, iniciamos el duro descenso, feo la zona asfaltada hasta llegar al sendero que con unas espectaculares vistas sobre Garachico y en tres kilómetros nos haría cruzar la meta. Bajamos fuerte y Silvia se cayó, si bien como es dura como una roca, solo tuvimos el susto, el pobre Rocha, no nos pudo seguir en el ritmo de bajada que impusimos (juramos que no lo hicimos a posta). Oíamos ya la megafonía y entrando en el pueblo la meta. Agarré a Silvia de la mano y le dije tendré el gusto de levantarte el brazo como a una verdadera campeona, y así la megafonía anunciaba que entraba la segunda clasificada femenina (8.28.29) según el cronómetro de meta.
De las muchas diferencias que las ultras de montaña, una son los finales de carrera. Aquí todos somos ganadores y así nos tratan. Ya que acabar una prueba de estas características implica luchar contra ti mismo, medir tu capacidad de resistencia, doblegar las fatigas y en suma obtener principios que son extrapolables a tu propia filosofía de la vida.
Pero volviendo a la realidad, en meta nos espera Carlos con una sorpresa una cervecita bien fría que supo a gloria. Posteriormente fue entrando el grupo, y después de convencerme los beneficios de un baño en el mar en esos momentos nos pegamos un chapuzón que nos sentó de maravilla ya la que unió Elena, una chica muy peculiar y ante todo un apoyo para Silvia. El baño debería estar en el programa de la organización y si no que el resto de corredores que lo tengan presente.
Por cierto, último apunte de Wikipedia sobre Garachico: ciudad fundada por el por el banquero genovés Cristóbal de Ponte tras la conquista de Tenerife en 1496. Durante los siglos XVI y XVII, Garachico se convirtió en el principal puerto de la isla. En 1646, un corrimiento de tierras terminó con la vida de 100 personas, hundiéndose también 40 barcos. El 5 de mayo de 1706 una erupción del volcán de Montaña Negra terminó con el periodo dorado de la localidad. De madrugada siete coladas de lava bajaron por la ladera garachiquense arrasando y sepultando gran parte de la villa, especialmente su puerto, que quedó totalmente cubierto. A pesar de todo no hubo víctimas mortales. La colada de lava que llegó al mar hizo ganar al municipio territorio y unas piscinas y charcos conocidos como el Caletón.
El regreso en la “furgona” de Carlos, con un poco de "overbooking" que se agradecía. La entrega de premios estaba fijada para las 20 horas, pedimos disculpas a Silvia pero era muy tarde.
Hasta otra crónica, bueno si me apetece, que no carrera que eso si Dios lo quiere estará asegurado.
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