Cuando el rabino Frank convocó con el permiso del Ayuntamiento de Jerusalén a una práctica en el muro de las lamentaciones, al día siguiente de la Cruza 2010, seguía las enseñanzas teóricas contenidas en el Torá o Pentateuco (cincos libros en los que se asienta el contenido dogmático del judaismo)....
Ya en el primero, el Génesis el libro de los comienzos, se narra la historia del hombre que Dios eligió para ser padre de la nación, es decir “Padrino”, y así lo dijo Pepe (según relata el rabino Frank), me faltó entrenamiento por la lesión pero soy el actual padrino, el líder que os guiará.
Yayo trajo a colación un pasaje del Éxodo, que recoge el peregrinar del pueblo judío por el desierto tras su liberación en Egipto, “estoy sin fuerzas, no camino y no encuentro razones”, no obstante no desesperes, decía el Señor, llegará el momento que verás el Monte Sinaí y recibirás la gran nueva, la salida del desierto y la llegada a meta prometida; La Palma, tu próximo destino donde te aliviaré del sufrimiento.
En el libro del Levítico se entrega los reglamentos a los sacerdote, y fue en ese pasaje donde Félix, dijo el cuarto reglamento, no te olvidarás de los palos que te evitan una sobre carga en los aductores.
Y así Juan, delante del muro y siguiendo la tradición del libro de Los Números donde se consigna con minuciosidad los principales jefes de la tribu y otras hazañas bélicas, relató en la más pura tradición oral y con minuciosidad un pasaje que refuerza la fe del corredor, “en mi diccionario no está retirarse, me cortaran el píe con la herida antes”.
En este momento el rabino Frank, siguiendo las enseñanzas del último libro el Deuteronomio relataba un pasaje que pasa a ser el de la ley, como revelación de la voluntad del Dios del éxodo, de su palabra que da la vida, “explicando la transcendencia del pulsómetro en su cuerpo y el sufrimiento de la bajada del corredor pecador”
Finalizadas las lamentaciones y por ser festivo se acabó con una plegaria.
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